Brotalic ya contaba con una imagen de marca sólida y un prestigio consolidado en el sector de los microbrotes.
El reto consistía en crear Floralic, una segunda marca que naciera como una «hermana gemela» para el segmento de las flores comestibles.
El objetivo era claro: heredar la autoridad y confianza de Brotalic pero con una personalidad propia que diera valor al producto floral.
Los clientes buscaban un salto cualitativo en el packaging para que fuera más profesional, potente y con un toque de «punch».
La premisa principal era elevar la percepción del producto hacia un nivel: más gloutmet y más sofisticado.
Teniendo en cuenta que partíamos de una base visual excelente, la solución fue diseñar una identidad especular.
Se mantuvo la estructura del logotipo original y sus elementos icónicos para asegurar que el consumidor identifique instantáneamente a Floralic como parte de la familia Brotalic. La diferenciación se trabajó en los detalles que aportan valor a la flor, utilizando la misma arquitectura visual pero adaptada a la delicadeza del nuevo producto.
Para el packaging, se aplicó un diseño más minimalista y de alto impacto que dota a los envases de esa presencia premium y profesional que el mercado gastronómico de alta gama exige hoy en día.